El molino

A lo largo de los siglos XII y XIII los monjes del monasterio de Urdazubi-Urdax se consagraron a la construcción de canales y puentes (de ahí su nombre “ur eta zubi” que significa agua y puente en euskera) y un molino con los que pudieron trabajar el hierro y moler el grano.

A pesar de haber sufrido numerosos saqueos e incendios, el molino se conserva en perfecto estado desde que en el siglo XVIII fuera reconstruido. Éste, no comenzó a dar servicio a los caseríos del lugar hasta el siglo XVIII, fecha en que el molinero percibía el “saskito” o celemín como pago por su trabajo.

En la actualidad, el visitante tiene la oportunidad de ver el molino en funcionamiento. El agua que atraviesa todo el pueblo, imprime fuerza a las grandes piedras muelas que moviéndose con precisión en cada vuelta va produciendo harina de trigo y de maíz.

A pesar de sufrir el incendio y los estragos de varias guerras, el molino se conserva en perfecto estado.

La visita incluye una antigua central eléctrica que producía electricidad para los pueblos de Urdazubi-Urdax y Ainhoa (al otro lado de la frontera) desde 1901 hasta los años 60.